domingo, 23 de abril de 2017

#misecundariofavorito #Dibujamelas

He visto en las redes un reto de Lourdes Domenech y Mercedes Ruiz para celebrar el Día del Libro al que no me he podido resistir, #misecundariofavorito y #Dibujamelas, enseguida me ha venido a la mente “Juan Salvador Gaviota” de Richard Bach, una novelita sencilla y fácil de leer que enlaza con una historia de dibujos animados que veía con mi hijo “Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar”, cuenta la historia de una gaviota moribunda que le hace prometer a un gato que cuidará de su huevo. El gato se enfrenta a una ardua tarea, pero con ayuda de la comunidad gatuna y un libro consiguen que la gaviota vuele.




Pero bueno, a lo que iba que hoy es el Día del Libro y esto va de novelas, “Juan Salvador Gaviota” es un relato en forma de fábula que nos deja muchas frases para no olvidar, para aprender.

Esto de volar es muy bonito, pero no puedes comerte un planeo, ¿sabes? No olvides que la razón de volar es comer.

¿Tienes idea de cuántas vidas debimos cruzar antes de que lográramos la primera idea de que hay más en la vida que comer, luchar, o alcanzar poder en la Bandada?

El secreto, según Chiang, consistía en que Juan dejase de verse a si mismo como prisionero de un cuerpo limitado…

Gaviota que ve lejos, vuela alto.

¡Si nuestra amistad depende de cosas como el espacio y el tiempo, entonces, cuando por fin superemos el espacio y el tiempo, habremos destruido nuestra propia hermandad! Pero supera el espacio, y nos quedará solo un Aquí. Supera el tiempo, y nos quedará solo un Ahora. Y entre el Aquí y el Ahora…

Y con tanta frase casi se me olvida #misecundariofavorito, que podrían ser varios, Chiang, Rafael o Pedro, pero sin duda me quedo con Rafael Gaviota.





¡Feliz Día del Libro y felices lecturas!

sábado, 22 de abril de 2017

EL PRINCIPITO DEL SIGLO XXI

El principito nació en los primeros años del siglo XXI, una mañana fría de invierno en la que hacía mucho viento, cuando despuntaban los primeros rayos de sol. El principito lloraba mucho, de día y de noche, no debió gustarle lo que vio al llegar a este mundo.

El Principito era un niño muy especial, claro, como todos los niños. Inició su andadura escolar muy, muy pronto. Le gustaba mucho trabajar y aprender, era un niño inquieto, curioso y muy inteligente. Le apasionaba jugar, correr, saltar, pero pronto aprendió que debía pasar horas y horas sentado, en silencio, escuchando cosas que no le servían para nada o que le sonaban a chino, que tenía que copiar de la pizarra todo lo que le dijeran, el principito se aburría muchísimo y cada vez estaba más triste.

Entonces, encontró una forma de evadirse de ese aburrimiento. Al pequeño príncipe le encantaban las ventanas, era su medio de transporte para escapar a un mundo fantástico, recordaba películas y libros que había leído.

Miraba por la ventana y buscaba a los Gryffindor, esos eran su referente, los conocía desde bien pequeño y sabía que eran valientes, osados, nobles, caballerosos y decididos, eran los que ponían un toque mágico a la escuela.









Otras veces, tenía la suerte de encontrarse a los Pokémon, esos extraños seres escondidos por todas partes. Porque el sueño del principito era convertirse en un maestro Pokémon.





A veces, veía pasar al señor Federico, con su muleta y se imaginaba que Federico era Son Goku, en busca de las siete bolas mágicas, como en esos comics que el principito leía, después dibujaba y cantaba sus canciones.











También se acordaba de “Bernat, un científic enamorat” y de esa pócima mágica que había creado, la “PAU” pero no era la prueba de acceso a la Universidad, era la Pócima de Amor Universal.





Cuando el principito miraba a sus maestros, se aburría tanto que para pasar el rato, se los imaginaba como en ese libro que había leído “Las Aventuras del  Capitán Calzoncillos”, un director en calzoncillos corriendo mil aventuras por la ciudad.





También le gustaba viajar al mundo de Minecraft con su caballo Sebastián para buscar la espada de diamante.







Pero el principito se ponía muy triste cuando se acordaba de “Konrad, o el niño que salió de una lata de conservas”, porque Konrad era un niño hecho en una fábrica,  que venía con manual de instrucciones y el principito sabía que los niños de verdad no eran así.





La imaginación del principito y su falta de atención, pronto tuvo consecuencias, se reunieron todos sus maestros y maestras, en una especie de tribunal que juzga a los niños, evaluación creo que le llaman y por unanimidad decidieron que el principito era un vago, que estaba en su mundo y que podría hacer mucho más de lo que hacía pero que no se esforzaba.

Los maestros avisaron a los padres del principito y les comunicaron su veredicto, haciéndoles saber que ellos que eran maestros sastres, le iban a hacer al principito un traje a medida para que  pudiera seguir mejor las clases.

Los padres confiaron, pero pasaba el tiempo y el principito no mejoraba, por más que miraban a su hijo no veían ese traje a medida que aseguraban haberle hecho, todos los días cuando recogían a su hijo del colegio, lo veían así:





Ese traje, como en el cuento de “El traje nuevo del emperador” había resultado ser un fraude.

Entonces, cuando el principito y sus papás pensaban que no podían hacer nada, aparecieron unos maestros y maestras muy extraños, dijeron ser sastres y modistas de alta costura, estos enseguida calaron al principito, hablaban muchos idiomas y entendían hasta el lenguaje de las miradas, de las emociones, incluso entendían los silencios. Además, utilizaban un método muy raro, se llamaba ABP o algo así. Estos maestros llegaban de buena mañana con un montón de sonrisas y muchos invitados, traían la varita mágica de Harry Potter,  todos los Pokémon que habían encontrado por el camino, incluso invitaban al señor Federico y sus vecinos a participar, porque como decía el principito: “Los abuelos saben cosas que ni siquiera los padres saben”. Investigaban, descubrían e inventaban proyectos todos juntos, leían, contaban historias, iban al gimnasio Pokémon y todos los niños aprendían mucho. El principito ya no tuvo que volver a escaparse por la ventana, porque ya no habían ventanas, ni paredes, salían a aprender de la naturaleza.

Los padres del principito también tuvieron que aprender a trabajar por proyectos, pues aunque habían leído mucha teoría, llevarlo a la práctica es mucho más difícil.




"Solo con el corazón se puede ver bien, lo esencial es invisible a los ojos". El Principito.

lunes, 17 de abril de 2017

POESÍA PELS CALAIXOS

La poesía pot aparèixer a qualsevol racó  de la casa, a la meua apareix pels calaixos, entre factures, notes, publicitat, papers i mes papers, de sobte, una targeta amb aquest meravellós poema, que no se qui seria l’autor:







LA NIT

Vull tindre’t al meu costat
només per vore’t els ulls,
eixos ulls que em diuen tant
i tant, de coses de tú.

Riuen quan vols que em riga
i ploren quan vols que plore
i me busquen aon jo estiga
i te trobe quan ells volen.

I me parlen d’eixes coses
que parlant no se diu res,
però que mirant em diuen
tot el que volen ... i més.

I quan estic llunt de tu
només tinc que en-recordar-me
del que em diuen els ulls
quan tu estàs en mi mirant-me.

I en les nits quan els ulls tanques
jo se que dins d’ells estic,
perquè de tant de mirar-te
s’han convertit en espills.

I no vull que els ulls s’apaguen
 ni que t’en vages de mi;
pensa que si te n’anares,
a mi vindria la nit.

domingo, 16 de abril de 2017

#CineDocente

Podría haber esperado al primer aniversario para escribir sobre “El Olivo”, pero ha bastado una iniciativa de @maestradepueblo para traer recuerdos a mi mente, a veces las circunstancias adelantan o atrasan acontecimientos.

Si hablamos de #CineDocente, para mi tiene un nombre, Mercedes Ruiz @londones, a la que no puedo más que dar las gracias por darme la oportunidad de escribir en el blog de “El Olivo”, también a Bernat Llopis, que tuvo la amabilidad de invitarnos al Pre-estreno de la película en Valencia, donde tuve el placer de desvirtualizar a Toni Solano. En su día, caí en una espiral de contradicciones, escribí, borré, volví a escribir y esto es lo que quedó: El Olivo la pelicula

A pesar de que “El Olivo” es una película muy emotiva, que bien podría servir como base para un curso de educación emocional, me he acordado de esa escena, un tanto cómica, en que los protagonistas asaltan un chalet para llevarse la réplica de la estatua de la libertad que tienen en la piscina, como pago a una deuda pendiente, al final esa estatua acaba destrozada. He imaginado que esa estatua eran las ABP, las TIC, las Flipped Classroom y todas las nuevas metodologías educativas, cargadas en un remolque, tirado por un montón de valientes, tratando de ir de centro en centro, y a día de hoy no sabemos cómo acabaran. La sociedad cambia a un ritmo muy rápido y la educación, aunque a un ritmo más ralentizado, también debe hacerlo, el reto es enseñar para la vida, no para aprobar exámenes.





Todos tenemos un sueño que perseguir, un olivo por recuperar, sacarlo de esa urna de cristal y devolverlo a su hábitat natural, y un abuelo al que devolver el habla. Podemos sentir que vamos contracorriente cuando todos dan ese olivo por perdido y somos los únicos que ven una posibilidad de recuperarlo, yo como Alma, me niego a rendirme, es lo que me han enseñado, no podemos evitar las caídas, pero estamos obligados a levantarnos y perseguir esa tenue luz que se ve al final del túnel.





Los que dicen que es imposible no deberían molestar a los que lo están haciendo…

martes, 11 de abril de 2017

EL DICCIONARIO

Era una soleada tarde de primavera, de las que invitan a salir a pasear, a disfrutar del olor de las flores del campo, y eso es lo que se disponía a hacer Cristina, cuando tuvo que salir corriendo al hospital. María había decidido venir al mundo esa preciosa tarde de abril. Venía con prisas y fue una sorpresa para todos, porque María venía con una dosis extra, una dosis extra de cariño, una dosis extra de sonrisas, una dosis extra de abrazos, en definitiva, con una dosis extra del cromosoma 21.





María era una niña muy alegre y feliz, bastante impaciente, será que como nació rápido, no le gustaba nada esperar. María creció demasiado deprisa, los niños siempre crecen más rápido de lo que nos gustaría.

María ya tenía 9 años y le gustaban mucho los cuentos, cuando se aburría le encantaba mirar esos libros gordos, se llamaba Diccionario, con ellos, María aprendía muchas palabras nuevas, ya iba por la “D”, cuando se encontró con una palabra que no le gustó nada,

Discapacidad: Cualidad del discapacitado.

A continuación, encontró otra que aún le gustó menos,

Discapacitado, da: Dicho de una persona: Que tiene impedida o entorpecida alguna de las actividades cotidianas consideradas normales, por alteración de sus funciones intelectuales o físicas.

María empezó a pensar, quería que cambiaran esas palabras del diccionario.

María fue a preguntarle a su padre, pero lo pilló liado haciendo la cena, Manolo aunque la oía, no la escuchaba y le dijo: Venga, déjate de preguntas y vete a la ducha que se hace tarde.

Durante la cena, María también intentó preguntar, pero sus padres tenían temas más urgentes de los que hablar.

Después de cenar, María, le preguntó a su madre, pero esta le dijo, venga a la cama que ya es muy tarde.

A María esa noche le costó conciliar el sueño, no conseguía sacarse esas palabras de la cabeza.

Al día siguiente, María bajó a por el pan y le preguntó a la panadera cómo podría cambiar unas palabras del diccionario. Ángeles, la panadera le respondió: Si quieres te explico cómo se hace el pan, pero yo no sé nada de diccionarios.

Después, María bajo a pasear a Duncan, su perrito, un peludito pequeño y negro que parecía un osito de peluche. Paseando a Duncan se cruzó con Carmen, su vecina y María, que no dejaba pasar una oportunidad, también le preguntó que cómo podría cambiar unas palabras del diccionario. Carmen, le respondió: Si quieres te enseño cómo se  hace el bizcocho de yogur que tanto te gusta, pero yo no sé nada de diccionarios, no tuve oportunidad de ir a la escuela.

María se fue a la escuela, cada vez más impaciente, seguía con su duda, en el camino se encontró con Andrea, su mejor amiga, que tenía unos libros chulísimos, llenos de puntitos que María también estaba aprendiendo a leer.

María le contó a Andrea, las palabras que había encontrado en el diccionario y lo estupendo que sería poder cambiarlas por otras más bonitas.

Andrea asentía con la cabeza, dándole la razón.

A punto de llegar al colegio se encontraron con Miguel, un amigo que tenía una supersilla de carreras que corría un montón y le contaron lo que pasaba.

Nada más entrar al colegio, vieron a Ricardo, el conserje, y fueron los tres a preguntarle cómo podrían cambiar unas palabras del diccionario. Ricardo les dijo, venga a clase, eso se lo preguntáis al maestro, que yo no tengo tiempo para diccionarios.

María ya se estaba cansando, nadie sabía darle una respuesta, pero no perdía la esperanza.

Cuando llegó Antonio, el maestro, los niños ilusionados, le preguntaron si se pueden cambiar unas palabras del diccionario. Antonio, sonrió y quiso saber más. A ver, ¿qué palabras son esas?

María contestó: Discapacidad y discapacitado, las encontré ayer en el diccionario y no me gustan nada.

¿Y qué palabras queréis poner en su lugar?

María, enseguida, respondió:

Difcapacidad: Diferentes cualidades de los difcapacitados.

Difcapacitado, da: Dicho de las personas que tienen diferentes capacidades físicas o intelectuales.

Antonio enseguida les animó a ponerse manos a la obra y redactaron un e-mail para la Real Academia de la Lengua Española.



María no podía estar más contenta, cuando en la siguiente edición de los libros gordos, aparecían las palabras que ella había propuesto.


Y así es como desde entonces todos somos DIFCAPACITADOS, porque todos tenemos diferentes capacidades.

viernes, 7 de abril de 2017

AUSENCIA

A veces me acuerdo de ti y sonrío por los recuerdos y lloro por la ausencia.

Desataste en mi una tormenta y pasaste rápido, como esa tormenta de verano que apenas dura un instante y se va.

Me dejé llevar cegada por tu luz, hasta que decidiste alumbrar otros caminos, el mío quedó a oscuras, pero el sol vuelve a brillar cada día, aunque a veces las nubes no nos dejen verlo.

Asumir la ausencia es difícil, más difícil que la muerte.

La muerte es inherente a la vida, pero aceptar la ausencia voluntaria es tremendamente doloroso.

Me sentí culpable de tu marcha, pero no, no hice nada para que te marcharas, quizás tampoco para que te quedaras.

Hace ya diez años, mi pequeño talismán, que siempre tiene algo que enseñarme, me dijo con su lengua de trapo, todavía lo recuerdo:

"No estés triste, se ha ido porque ha querido, nosotros no hemos hecho nada para que se vaya, si quiere volver, volverá..."






Y ahora os dejo una sencilla adivinanza que prepare hace tiempo y tiene que ver con la ausencia...




Podéis dejar la solución en comentarios, espero que os guste.

martes, 4 de abril de 2017

Jornadas sobre TDAH

“Quien se atreva a enseñar, nunca debe dejar de aprender” (John Cotton Dana)

Antes que nada quiero responder a la pregunta que lanzó Pedro Muñoz, ¿Qué te duele cuando tienes TDAH?

Para ello os invito a ver este vídeo:




Cuando un niño tiene TDAH le duele el amor propio, la autoestima, los niños con TDAH son niños con mucha creatividad, una tremenda imaginación y una inmensa curiosidad, que se esfuerzan muchísimo, diría que son los que más se esfuerzan, los que pasan más horas haciendo deberes, intentan una y otra vez hacer las cosas bien, pero su impulsividad y el no poder centrarse en una sola cosa se lo impide, tienen una gran capacidad de resiliencia, pero eso no impide que terminen frustrándose cuando ven que por más que se esfuerzan no cumplen los objetivos, los resultados que se esperaban de ellos. Aún con la autoestima por los suelos y el corazón partido son niños muy bondadosos, que quieren sentirse aceptados por un sistema educativo homogeneizado que rechaza la diversidad.

Dijo Luis Rojas-Marcos que una persona con TDAH es alguien que va a una batalla y vuelve con el pecho lleno de medallas o no vuelve.



¿Cómo educar para el futuro en equipo?
Por Manuel Ángel Velasco Rodríguez

Empezaré este trabajo por la ponencia del MAESTRO Manuel Velasco, ¿Cómo educar para la escuela del futuro?, por un par de motivos, el primero es que consiguió que me mantuviese pegada a la pantalla del ordenador durante toda la ponencia, sin mirar ni una sola vez el móvil y eso no todos lo consiguen, el segundo es que expuso un modelo educativo inclusivo, para todos los niños y ese es el único camino para la atención a la diversidad, las aulas inclusivas.

Nada mueve más que un hijo, por eso los padres se informan y se forman, prueban mil y un métodos, terapias, recorren kilómetros, escalan montañas y atraviesan ríos y océanos, es por eso que los maestros deben de aprender de las familias y escuchar a los alumnos.

Un buen maestro es el que hace que los alumnos vayan felices a clase, el que es capaz de salirse de los libros de texto, el saber no solo se encuentra en los libros; el buen maestro empatiza, conecta y admira a las personas al margen de los modelos.

El buen maestro es el que ayuda a los niños a ser lo que sean capaces de ser, en definitiva, a desarrollar todo su potencial.

Al contrario de lo que se cree, es la escuela la que debe adaptarse al alumno y no al revés, cada niño tiene un ritmo y una forma diferente de aprendizaje y el maestro debe ser capaz de conocer a cada uno de sus alumnos y como aprende. Todos los alumnos son igual de importantes. El Déficit de Atención se encuentra en las escuelas que no son capaces de adaptarse a los niños. ¿Por qué estar encerrado entre cuatro paredes coloreando hojas, cuando podemos salir fuera, recogerlas, tocarlas, observarlas, olerlas, jugar con ellas, hacer un collage…?

Los objetivos de la educación deben enseñar al alumno a gobernarse a sí mismo, a tomar decisiones, a gestionar conflictos sin violencia, a superar miedos, dudas, inseguridades, a no temblar. Despertar la curiosidad del alumno, hacer que quieran descubrir y aprender.

Según el sistema educativo actual, se obliga a que el alumno memorice, repita y reproduzca, no hay una ley que obligue a evaluar de forma escrita, se debería evaluar el proceso de aprendizaje.

Los alumnos aprenden del ejemplo y recuerdo una frase de Mar Romera: “Los alumnos no aprenden lo que les enseñamos, nos aprenden a nosotros”.

El adolescente necesita el referente del educador, ya sea en la familia, en la escuela o en la sociedad en general. Cuando un niño no se siente aceptado, entra en conflicto con su entorno y la falta de recursos para gestionarlos genera violencia. Esa violencia es la consecuencia del ecosistema en el que vivimos.

Manuel hizo una comparación que me resultó muy graciosa, imagina un plato de huevos con chorizo, en ese plato la gallina participa y el cerdo se implica. Tenemos que pensar que papel queremos desempeñar en la educación, el de la gallina o el del cerdo, participar o implicarse, derribar muros y abrir puertas y ventanas.

Aunque a veces Google nos ayuda a salir del paso, hay preguntas que no se pueden resolver con Google, necesitamos a un maestro que nos resuelva las dudas.

Todos somos maestros y aprendices, maestros de alguien y aprendices de todos.

Un maestro tiene que ser como un todoterreno, o como esa navaja multiusos que te saca de cualquier apuro.

En la profesión del maestro hay muchas profesiones juntas, maestros científicos, jardineros, tejedores, cocineros, boticarios, magos, fotógrafos, jugueteros, cerrajeros, fabricantes, surfistas, sembradores, despertadores, maquinistas, cantantes, albañiles, fareros, equilibristas, enfermeros, regaladores.

“Los buenos maestros son fotógrafos para capturar momentos, enfocarse en los aspectos positivos y no focalizar en lo malo”.

“Los buenos maestros son cocineros que tienen que guisar a fuego lento disfrutando del tiempo” y añado la frase de Antonio Machado: “Despacito y buena letra, que el hacer las cosas bien importa más que el hacerlas”.

“Los buenos maestros son magos porque son fabricantes de sueños y de ilusiones”.

“Los buenos maestros son surferos, están preparados para la llegada de las olas y utilizarlas para impulsarse”.

“Los buenos maestros son jugueteros para encontrar el juguete que cada alumno lleva dentro”.

“Los buenos maestros son sembradores porque enseñar es un acto de amor y siembran semillas de curiosidad, confianza y creatividad en el corazón de sus alumnos”.

“Los buenos maestros fareros fomentan la autonomía de los alumnos, dejando que ellos dirijan su barca”.

“Los buenos maestros albañiles utilizan las escaleras para ayudar a los niños a subir peldaño a peldaño”.

“Los buenos maestros utilizan las TIC, ternura, interés y cariño”. Gaëlle Vargas.

Las aulas en silencio asustan, en una escuela se tiene que oír el murmullo del trabajo en equipo.

“Los buenos maestros cantantes atraen la atención de los niños, les despiertan la curiosidad, los emocionan y hacen el aprendizaje divertido”.

Cálculo con música.








Edu+car se escribe con C de cariño, cocinar, cooperar, compartir, colaborar, comunicar, corazón, cuerpo, ciencia y conciencia… Los niños son los verdaderos Superhéroes.








Todos somos ángeles con una sola ala y al abrazarnos a otro podemos volar, en educación esos otros son la familia, la escuela y los alumnos, todos abrazados podremos conseguir una educación que vuele muy alto.

En educación soplan vientos de cambio y nos empeñamos en levantar muros, debemos construir molinos de viento que derriben esos muros.

Al finalizar la ponencia de Manu Velasco, se hicieron un par de preguntas muy interesantes, una de ellas fue: ¿Qué hacer cuando nos encontramos con maestros de la vieja escuela que no están abiertos al cambio? No puede ser que la suerte de un alumno dependa del profesor que le toque, se debe empezar cambiando los criterios de evaluación.

La siguiente, un asistente que hace talleres de pintura por las escuelas contó como al llegar a una clase, una “maestra” le dijo que le enseñara solo a un grupo, que al resto no valía la pena, eso es lo que no podemos permitir que personas así estén al cargo de la educación de nuestros hijos, para ello habría que modificar el proceso de selección a la profesión docente.



El TDAH y la importancia de la respuesta en el entorno
Por José Ramón Gamo Rodríguez

No me voy a alargar mucho en esta parte, José Ramón Gamo inició su ponencia contando una anécdota, en la adolescencia ir creciendo se trata de pasar de la inconsciencia a la irresponsabilidad, si estas en el Amazonas y nadie te ha dicho que hay cocodrilos y te bañas, eso es inconsciencia, en cambio, si te han avisado y de todas formas te bañas, eso es irresponsabilidad.

Continuó con este maravilloso texto:


Todo lo que necesito saber lo aprendí en la Escuela Infantil


Todo lo que realmente necesito saber sobre cómo vivir y cómo ser, lo aprendí en la Escuela Infantil. La sabiduría no estaba en la cima de la montaña de los títulos académicos, sino en el montón de arena del patio. Estas son las cosas que yo aprendí:

Compartirlo todo.

Jugar sin hacer trampas.

No pegar a la gente.

Poner las cosas en su sitio.

Arreglar mis propios líos.

No coger las cosas de otros.

Decir “lo siento” cuando hiero a alguien.

Lavarme las manos antes de comer. Tirar de la cadena.

Las galletas y la leche son buenas.

Vivir una vida equilibrada: aprender algo, pensar algo, dibujar, pintar, bailar, jugar y trabajar algo todos los días.

Echarme la siesta cada tarde.

Cuando salgo al mundo, tener cuidado del tráfico, agarrarnos de la mano y permanecer juntos.

Estar atento a las maravillas. 

Recordar la pequeña semilla en el vaso: las raíces van para abajo y las plantas crecen hacia arriba y realmente nadie sabe cómo ni por qué, pero nosotros somos igual que eso.

Los peces de colores, los hámsters, la tortuga e incluso la pequeña semilla del vaso se mueren, así que también lo haremos nosotros. Y recuerda los cuentos y la primera palabra que aprendiste, la palabra más importante del mundo:“¡mira!". Todo lo que necesitas saber está ahí, en alguna parte. Coge cualquiera de estas normas y ponla en los sofisticados términos de los adultos y aplícala a la vida en tu familia o en tu trabajo, al gobierno o al mundo y seguirán siendo verdaderas, claras y firmes. Piensa que una sociedad mejor puede ser si todos nosotros, el mundo entero, tiene leche y galletas a las tres todas las tardes y luego se echan la siesta con nosotros en las colchonetas. Y si todos los gobiernos tienen siempre como política básica colocar las cosas en su sitio y arreglar sus propios líos. Y comprobarás que continúa siendo cierto, no importa cuál sea tu edad, que cuando sales al mundo, lo mejor es darse la mano y permanecer juntos.

 R.Fulghum


Tenemos que hacer cosas con los niños para que aprendan en lugar de enseñarles cosas que nuca harán.

Cuando han de hacer algo, tienen la obligación de intentarlo, pero no de acertar.

La población escolar con TDAH es la que tiene mayor nivel de esfuerzo.

Se penalizan los resultados y no se valora el esfuerzo.

El maestro tiene que ser capaz de transmitir pasión, curiosidad y emoción para mantener los niveles de activación de la atención.

Hay que darles pocas instrucciones y muy claras.

Cuando les proponemos cosas que no les motivan, ni genera curiosidad, bajan los niveles de activación y desconectan, ya no prestan atención.

He visto un vídeo en las redes que viene de perlas para explicar esto de la activación, las tres fases para activar la motivación, deseo, acción y satisfacción.






Para finalizar, quiero que pensemos en esos alumnos que no han tenido la suerte de que les toque un buen maestro, los que pertenecen a familias desestructuradas o con un nivel socio-económico bajo, inmigrantes, alumnos con necesidades educativas especiales (TDAH, dislexia, altas capacidades, ….) ¿Vamos a dejar que se queden en el camino?, hagamos una educación pensando en todos, dándole a cada uno lo que necesite.


Por último, dar las gracias a todos los que han hecho posible estas interesantes jornadas, a Uned, a la Asociación ADAHBI, a Pedro Muñoz, a Manuel Velasco y José Ramón Gamo.