martes, 1 de noviembre de 2016

CAMBIANDO MÉTODOS

Algunos niños nacen con mucho carácter, eso se nota, el problema es a los tres años cuando empiezan a formar parte del sistema educativo, tienen que adaptarse, de lo contrario empiezan los problemas, deben permanecer la mayor parte del tiempo encerrados entre cuatro paredes y además estar sentados.

 A mi no me parece una forma adecuada de aprendizaje, pues a esa edad la mejor manera de aprender es mediante el juego, es más importante un aprendizaje emocional que cognoscitivo, deben aprender a relacionarse, a conocerse a sí mismos.

A la semana de empezar el colegio, ya te está llamando la maestra, "este niño no presta atención, no se centra, se pasa el día levantándose, debería verlo la psicóloga" Y lo ve la psicóloga, de ahí al diagnostico de TDAH hay un paso. Todas las pruebas médicas tienen resultados normales, pero entonces se basan en unos cuestionarios que realizan a padres y maestros en el que las preguntas son del tipo:

- ¿Le cuesta estar sentado? Lógicamente si, tiene 3 años.
- ¿Se frustra cuando no le salen bien las cosas? Y quien no.

Y el diagnóstico ya es un hecho. Los padres se enfrentan a acatar el diagnóstico con su correspondiente tratamiento farmacológico, así el niño aprenderá a obedecer y no cuestionar o buscar alternativas.

Algunos padres eligen el camino fácil o lo que creen que es mejor para sus hijos, no lo cuestiono, otros nos decantamos por caminos alternativos, que aunque mucho más difícil por el esfuerzo que conlleva y los resultados a largo plazo, mantiene intacta la curiosidad y esas ganas innatas de aprendizaje, aunque el sistema acabe matándolas.

Así es como encontramos la terapia de integración sensorial, se realiza en salas que son muy divertidas, llenas de color, donde el niño puede jugar libremente, solo, con la terapeuta o con otros niños que se encuentran en la sala, y sentirse especial, a cualquier niño le encanta una sala de integración sensorial, además nunca ven la hora de irse.


                                          


La terapia de integración sensorial suele utilizarse mucho en casos de hipersensibilidades, táctil, auditiva, en niños que tienen mucha necesidad de movimiento, que no saben esperar.

Algunos niños tienen dificultad para procesar la información del cuerpo y del entorno.

Nos pasamos el día recibiendo estímulos y si el procesamiento de esos estímulos no es el adecuado, la respuesta tampoco lo será. En cambio, si el cerebro procesa bien la información integrándola con la información que recibe por medio de los sentidos, entonces podemos aprender, estar atentos, coordinar movimientos, tener buenas relaciones sociales.

Por ejemplo, un niño que busca mucho el movimiento y se levanta muchas veces, puede aprender a estar sentado si cambiamos la silla por una pelota grande, tipo cacahuete. Como el niño ya tiene el movimiento que su cuerpo necesita no se levantará tantas veces.



                                                    
El problema de la educación no está en los niños, está en que los métodos utilizados no son los correctos.

Podéis encontrar más información sobre la terapia de integración sensorial en el libro ¿Por qué me siento diferente? de Bàrbara Viader.

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