domingo, 20 de noviembre de 2016

IGNORAR TAMBIÉN ES ACOSO

La conducta es la suma de tres factores: las características de cada uno (género, edad, personalidad, etc.), la influencia del entorno y nuestra naturaleza.

En cuanto a la influencia de los demás, a veces es consciente, pero en muchas ocasiones no nos percatamos hasta qué punto nos estamos viendo influenciados por los demás.

Nos pasamos la vida percibiendo estímulos e interpretando todo lo que ocurre en nuestro entorno y como interactuamos con él.

No siempre actuamos de forma racional, a veces emitimos una respuesta consciente o deliberada y otras actuamos de forma inconsciente o automática.

Para sobrevivir, tenemos la necesidad de pertenencia a un grupo, así como sentirnos aceptados y si percibimos la amenaza del rechazo, observando reacciones negativas de otros, como burlas, abandono, no sentirnos queridos o percibimos menosprecios, la autoestima, el control y la existencia se ven afectados y pensamos que los demás consideran poco valioso relacionarse con nosotros.

Si nos sentimos rechazados se pueden desencadenar tres tipos de reacciones:

Por una parte, si quien se siente rechazado tiene una gran necesidad de contacto social tanto con el acosador como por el entorno de este, la victima tratará de realizar conductas reparadoras o restauradoras, esto también sucederá si se considera que se ha invertido mucho en esa relación (tiempo, afecto, intereses comunes, etc.) o si el acosador es una persona a quien se le tiene mucho aprecio.

Otra de las reacciones que se pueden presentar son conductas antisociales, influidos por sentimientos de rabia, ira y cólera. Estas conductas surgen como método de autodefensa por el dolor que causa el rechazo, percibiéndolo como una injusticia.

Y por último, puede tomar la decisión de huir, si existe la posibilidad de relaciones alternativas similares e igual de valiosas, es conveniente sustituir unas relaciones por otras, quitando importancia a las que han causado el daño y eliminando la capacidad de herir los sentimientos. Aunque muchas veces, por ejemplo, en un entorno escolar, esto no es posible.


Ignorar también es acoso y así es como se sienten muchos niños, jóvenes y adultos superdotados en su día a día, ignorados y menospreciados por tener intereses diferentes, viéndose afectada su autoestima y siendo condenados al ostracismo, pues la gran mayoría ni siquiera han sido detectados y sus necesidades educativas no están siendo cubiertas, desencadenándose en muchos casos un fracaso escolar que podría haberse evitado.



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