miércoles, 30 de noviembre de 2016

DESAPRENDIENDO LA INDEFENSIÓN APRENDIDA

Cuando ves a un niño pequeño volver del colegio invadido por la ira, llorando de impotencia, cargado de frustración, rabia, resignación, una bomba de emociones acumuladas en un pequeño ser indefenso, que se mete debajo de la cama para huir. Ahí, en su cueva encuentra su refugio, donde se siente a salvo, no te queda más que meterte debajo de la cama con él, abrazarlo, decirle que entiendes cómo se siente y que le quieres.




                                
En ese momento, algo se despierta en ti, un espíritu de lucha para que estas cosas no vuelvan a pasar, para que el objetivo sea una educación más justa y equitativa, que respete los derechos de la infancia. Debemos proporcionar a los niños herramientas para poder enfrentarse a su día a día y a sus miedos. Ningún niño debería pasar por esas circunstancias, es muy cruel.

Empiezan en el sistema siendo niños felices, con ganas de aprender, creativos y poco a poco toda esa curiosidad va desapareciendo, creando niños en serie. No se les reconoce su esfuerzo, al contrario, lo que reciben es una retroalimentación negativa, les arrancan las hojas porque está mal, o incluso estando bien, porque no han seguido el proceso establecido, o por escribir con un color diferente al que le habían marcado, o por hacer cálculos mentales.

En el colegio han aprendido a conformarse, agachan la cabeza y callan, pero cuando llegan a casa la bomba te explota en las manos. Ellos saben que hagan lo que hagan va a estar mal, han perdido completamente la confianza en sí mismos, el interés por aprender y su autoestima está por los suelos.

Luego nos extrañamos cuando llegan al instituto completamente desmotivados por esa indefensión aprendida que ya tienen más que asumida.




La indefensión aprendida consiste en hacer atribuciones por experiencias negativas vividas en el pasado, inevitablemente, el niño que ha pasado por esas situaciones adquiere un comportamiento pasivo y no hace nada por evitarlo, se siente incapaz de ejercer el control sobre ellas y después de una serie de fracasos, cree que nunca logrará realizar una tarea con éxito.


Debemos enseñarles a no callar ante las injusticias, que con buenas palabras, educación y respeto defiendan sus derechos.

Algunos niños pueden tardar mucho tiempo en enfrentarse a eso que les atormenta, otros nunca lo harán.


Cuando un niño se plante ante una injusticia y cuando llegue a casa te diga: ¿Sabes que, mamá? Que ya no le tengo miedo. Entonces, sabrás que las semillas que has ido plantando están germinando.




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