viernes, 23 de diciembre de 2016

EL LABERINTO DE LAS ALTAS CAPACIDADES

Desde que un niño nace, los padres son los primeros que se dan cuenta que su hijo es diferente, tiene algo especial, duerme poco, es inquieto, curioso, aprende rápido, es perfeccionista, cuando va creciendo su vocabulario no es el que se corresponde a su edad y otras situaciones que llaman la atención.

Cada niño es diferente y no todos aprenden a leer a temprana edad, pueden tener otros intereses, algunos gatean muy pronto, otros aprenden a andar con pocos meses. Mi hijo con solo dos años reconocía “La noche estrellada” de Van Gogh.

Cuando empiezan el colegio, si se trata de un aula tradicional, enseguida se hacen notar, son niños que se aburren y no permanecen demasiado tiempo sentados, si les obligan a estarlo, tienen la capacidad de abstraerse.

Como madre puedo decir que no ha sido fácil, antes de llegar a la detección de las altas capacidades.

Llega un momento que no sabes cuál es el diagnóstico correcto, dudas de las altas capacidades, si puede ser una doble o múltiple excepcionalidad.

No se trata de buscar culpables de los malos resultados académicos y de la falta de integración de los niños, si no que nuestros hijos reciban la educación que se merecen y está reconocida por ley. He comprobado que trabajando codo con codo con los docentes, el curso ha funcionado a la perfección, incluso sin necesidad de apoyo, descartando métodos de aprendizaje que no funcionaban y utilizando la motivación como principal herramienta de enseñanza, tanto en casa como en la escuela.

Si uno de los dos pilares fundamentales de la educación (familia y escuela) fallan, la desmotivación hace su aparición, y si fallan los dos, el fracaso es estrepitoso.

Sé, por experiencia propia, que el camino es largo, que se hace cuesta arriba y a veces faltan las fuerzas, pero no hay que desfallecer, tenemos que seguir dando visibilidad a las altas capacidades, donde, cuando y ante quien haga falta.



La educación inclusiva es necesaria para todos los niños, los nuestros también y debemos hacer que sea una realidad.


La inteligencia es un don, aunque no atendida adecuadamente puede llegar a ser una maldición. 

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