domingo, 18 de diciembre de 2016

PARA NO OLVIDAR... #MemoriaHistorica

Dicen que en esta vida no eres nadie si no has hecho tres cosas, plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. Arboles he plantado varios, garroferas, pinos y olivos. Hijos, tengo uno que vale por cuatro y del que me siento muy orgullosa. Me falta escribir el libro y la verdad, que llevo tiempo dándole vueltas al asunto, no es que me guste escribir, siempre he dicho que escribo para no olvidar, la memoria es frágil y termina fallando, mientras que la palabra escrita, perdura en el tiempo, puedes leerla tantas veces como lo necesites, para recordar, para sonreír, para superar miedos, incluso para llorar y desahogarte. No, no me gusta escribir, pero se ha convertido en una necesidad, una forma de comunicación para defender lo que es justo. Además, lo maravilloso de la escritura es que puedes dejar volar tu imaginación, ceñirte a la más absoluta realidad o una mezcla de ambas.

Tenía que decidir sobre que escribir y esta decisión me llevó tiempo, escribir historias de mujeres memorables, de amores eternos o contrariados, del drama de la inmigración, historias para jóvenes, recordé libros leídos hace mucho tiempo y frases de los mismos, soy muy de extraer esa esencia.

Del “Libro del desasosiego” de Fernando Pessoa, hay muchas frases memorables, pero me quedaré con una:

“Siento, al sentirla, una gran esperanza, pero reconozco que la esperanza es literaria. Mañana, primavera, esperanza –están unidas en música por la misma intención melódica; están unidas en el alma por el mismo recuerdo de una igual intención.”

Otro de los que me vino a la mente fue “La lluvia amarilla” de Julio Llamazares:

“Es extraño que recuerde esto ahora, cuando el tiempo ya empieza a agotarse, cuando el miedo atraviesa mis ojos y la lluvia amarilla va borrando de ellos la memoria y la luz de los ojos queridos… ¿Cómo olvidar aquellos ojos fríos que se clavaban en los míos mientras trataba de romper el nudo que aún quería inútilmente sujetarles a la vida?”

Fueron muchos libros, tal vez demasiados para poder centrarme en un solo tema.

En “El faro de la última orilla” de Stephen Marlowe hay una carta de Griswold a Greeley digna de mención:

“Le ruego que no condene a Edgar Poe tan apresuradamente. Tal como usted dice, él -ha difamado a una dama eminente en la literatura- ¿Pero tanto como para fustigarle así? Piense que Poe no ha tenido ciertas ventajas sociales que entrañan el… ¿el código de conducta, podríamos decir?... Por el cual se rigen los caballeros…”

Y entre mis preferidos: “Dios vuelve en una Harley” y Dios vuelve en una Harley: El regreso”. Respondiendo a la llamada silenciosa de Christine, Joe (Dios) regresa cuando más se le necesita y le recuerda:

"Recuerda que no has dejado de amar ni a tu marido ni a tu trabajo. Has dejado de amarte a ti misma.
Si quieres saber cuál es tu objetivo, mira en el espejo.
 Esfuérzate por no volver a separarte jamás de tu cuerpo.
Deléitate sabiendo que eres una artista, una chamán, una sanadora".

Pensé en escribir poesía pero no me sentía cómoda y fue leyendo una entrevista a Almudena Grandes, hablando de la posguerra, del hambre, de la memoria, cuando lo descubrí, ella me abrió los ojos, me erizó la piel y me estrujó las entrañas, entonces supe que ese era el tema sobre el que quería escribir. No permitir que la desmemoria se apodere de nosotros, todavía quedan muchos cuerpos que recuperar de las cunetas, entre ellos el del gran Federico García Lorca.

Hubo un tiempo en que nos callaron la boca, apareció el miedo a perder el trabajo o a no encontrar uno, pero lo bueno que tenemos los perdedores es que cuanto más nos dan, más nos crecemos.







Así es como empecé a darle forma a “Dignidad en la posguerra y otros relatos de la España del hambre”.

En el proyecto inicial pretendo escribir sobre guerra, posguerra, dictadura, transición, señoritos y sirvientas, rojos y fascistas, nacimientos en cárceles, la escuela, el golpe de estado, huidas, la crisis, el paro, los desahucios, pues la España del hambre sigue vigente a día de hoy.

Estoy recopilando testimonios por lo que cualquier aportación es bienvenida.

“No puedo dejar de pensar que los novelistas podrían tomar nota de que los chinos, a pesar de que construyen sus casas de arriba abajo, tienen el suficiente sentido común para empezar los libros por el final”. Marginalia.


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