sábado, 14 de enero de 2017

EFECTO PIGMALIÓN

El efecto Pigmalión, se llama así por el escultor de la leyenda griega que se enamoró de una de sus creaciones, una de sus estatuas de mármol y consiguió que esta cobrara vida. El Efecto Pigmalión o Profecía Autocumplida, podemos observarlo en diferentes contextos de la vida de una persona y a cualquier edad.

En esta ocasión, voy a centrarme en el contexto educativo para hablar de la Profecía Autocumplida. El siglo pasado, Rosenthal y Jacobson realizaron un experimento bastante controvertido en el ámbito escolar, en el que se pone de manifiesto hasta qué punto la influencia de los maestros puede afectar en el rendimiento escolar de los alumnos.

Los investigadores a principio de curso, pasaron a los alumnos de infantil y primaria un test de inteligencia no verbal, diciendo a los maestros que la finalidad era  detectar algún progreso intelectual. Después, les comunicaron que alumnos habían obtenido los mejores resultados, aunque no era cierto, pues en realidad esos alumnos habían sido seleccionados de forma aleatoria. A final de curso, se repitió el test, comprobando que el grupo de alumnos seleccionados habían mejorado mucho más que el resto, su rendimiento y puntuación.

Esto se debe a que los maestros habían creado unas expectativas hacia los alumnos “más prometedores”.

Estas falsas expectativas hicieron que los maestros trataran de forma diferente al resto, a ese grupo de alumnos, prestándoles más atención y estimulándolos más, consiguiendo así mejorar su rendimiento.

Este estudio refleja claramente las consecuencias que el Efecto Pigmalión puede causar en los niños.

Si etiquetamos a los niños como vago, no trabaja, mal estudiante, molesta en clase, es probable que la profecía termine cumpliéndose, pues el niño asume el rol de lo que le están diciendo que es.

Este es un claro ejemplo de Efecto Pigmalión negativo, un niño superdotado al que sus compañeros humillan y le llaman tonto, termina por creerse que efectivamente es tonto.


Si por el contrario, tratamos a los niños de forma positiva, con asertividad y empatía, haciéndoles saber que pueden conseguir todo lo que se propongan, las expectativas que estamos poniendo sobre ellos, les harán creer en ellos mismos, creando un mejor autoconcepto y consiguiendo mejores resultados.










De nosotros depende dejar huellas o cicatrices en los niños. Las etiquetas hay que cortarlas porque pican y a los niños los estigmatiza.




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