domingo, 22 de enero de 2017

NACIDO EN SIRIA

Hace unos días estuve viendo con mi familia el documental Nacido en Siria de Hernán Zin, ganador del Premio Forqué y nominada a los Premios Goya al mejor documental.




Hay asuntos sobre los que me cuesta escribir y este es uno de ellos porque se trata de una película de alto contenido emocional, que digo una película, es la vida misma, eso es lo que duele, que no estamos hablando de ficciones.

Nacido  en Siria narra el desgarrador testimonio de 7 niños que huyen de la guerra.

Al principio de la película, me impactó la detención de un padre de familia que rogaba a la policía que le dejaran marchar con su familia, mientras estos hacían oídos sordos.

Es inhumano que la felicidad de un niño dependa del lugar donde haya nacido. Estamos ante una realidad que supera la ficción, se habla del mayor éxodo desde la Segunda Guerra Mundial. Personas que han tenido que dejar sus casas, sus trabajos, sus escuelas, amigos y en muchos casos hasta familia, cansados de ver únicamente muerte y destrucción a su alrededor y sin otra salida que la de huir. Han dado con mafias que les han cobrado cantidades ingentes de dinero por viajar en una patera de las que muchos no consiguen llegar con vida, familias rotas por la dureza de la guerra y por la separación ante la imposibilidad de disponer de dinero suficiente para el viaje de toda la familia.

Personas que huyen a la desesperada y con lo puesto de una muerte segura, creen que una vez lleguen a tierra firme todo estará resuelto, pero sus problemas no han hecho más que comenzar, pues una vez llegan a Europa se dan contra un muro, el de la realidad, el de políticos incapaces de asumir su responsabilidad. Oír a Angela Merkel, decir: “Por favor, no vengáis, Turquía es un país seguro, no vengáis aquí”, me parece un despropósito.

En el documental aparecen algunos niños a los que se les ha perdido la pista, no se ha vuelto a saber nada de ellos, son miles de niños refugiados los que se dan por desaparecidos.

Hermanos separados por las circunstancias, que viajan con familiares, en ocasiones, extremadamente jóvenes, porque sus padres han muerto en algún bombardeo.

Otros, aunque viajan en familia, arrastran historias desgarradoras, son niños a los que la guerra les ha hecho crecer de golpe, pero siguen siendo niños, con ilusiones y capacidad para sonreír y jugar a pesar de todo, sobre llevar cientos de kilómetros caminando, con zapatos que se les han quedado pequeños por el camino, con mochilas cargadas de miedo, desesperanza, de hambre, cansancio extremo y ahora con frío, soportando temperaturas de menos de 15 grados bajo cero.

Niños que han sido obligados a trabajar, explotados por mafias, para poder pagar el viaje. Que sufren pesadillas, pues han visto como de la forma más cruel e inimaginable, les cortaban la cabeza a familiares. Otros atrapados en las fronteras, sin posibilidad de volver o de llegar a un campo de refugiados, gaseados, recibiendo palizas y rechazados por el mero hecho de ser sirios.

Sin duda, la historia más impactante es la de Kais, un niño de 10 años al que una bomba rusa hizo explotar un barril de gasolina a su lado, cuando volvía de comprar, quemándole gran parte de su cuerpo y ahora soporta dolorosas curas. Kais está con su tío, pues su padre murió en el bombardeo, aunque Kais aún no conoce la noticia, se volvería loco si lo supiera.



Sales del cine con lágrimas en los ojos, un nudo en la garganta y el corazón en un puño, es una película que debería ver todo el mundo, para conocer de primera mano la realidad a la que se enfrentan los refugiados cada día.



Los nadie también merecen ser felices. Ningún ser humano es ilegal.

Para finalizar, quiero añadir esta canción de Víctor Baez, que me ha encantado, "País sin primavera"... Cartas de un soldado en SIRIA que claman por la libertad, pájaros con miedo a volar...







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