lunes, 27 de febrero de 2017

LOS ÚLTIMOS DE LA FILA

En este nuestro sistema educativo, digo nuestro porque es algo así, como una saga familiar que se repite de generación en generación, desde nuestros tatarabuelos hasta nuestros días, en el que poco ha cambiado, desde sus inicios. En este sistema, los alumnos más capaces siguen siendo los últimos de la fila en cuanto a atención se refiere, puesto que existe la creencia de que los alumnos con altas capacidades no necesitan ayuda, cuando no es cierto, ya que un alto potencial no es lo mismo que un alto rendimiento, son alumnos que no han adquirido buenos hábitos y se desmotivan con facilidad y ello puede conllevar el fracaso escolar, pero también cuentan con gran curiosidad, amplitud de intereses, alta sensibilidad, buena memoria a largo plazo y capacidad crítica.

Un 90% de alumnos con altas capacidades está sin identificar, hay que prestar especial atención a las chicas que son expertas en ocultarse, se debe tener en cuenta que cualquier alumno puede tener altas capacidades y hay que abrir bien los ojos para detectarlos, pues no son luciérnagas que brillan en la oscuridad. Como decía, son alumnos con un alto potencial, muy creativos o con una fuerte implicación en la tarea, no es necesario que se den las tres características en el mismo alumno simultáneamente, de ahí el error en la interpretación del modelo de los tres anillos de Renzulli, pues es un modelo de intervención, no de identificación. El modelo de identificación de Renzulli es el llamado modelo de la puerta giratoria.

Actualmente, el 50% de los alumnos con altas capacidades acaba en fracaso escolar. Se atiende prioritariamente a alumnos que están por debajo y desde mi punto de vista, todos los alumnos son igual de importantes, no hay dos alumnos iguales y se debe dar una respuesta adecuada a cada uno de ellos.

Esta semana he asistido a un curso de Atención educativa para alumnos de Altas Capacidades organizado por ACAST y la Universidad CEU, a las que doy las gracias por esta iniciativa tan interesante y que me ha dado la oportunidad de conocer estrategias de intervención en el aula aplicables a todo el alumnado.

Se pueden utilizar las dificultades como un obstáculo o como una oportunidad, de este modo el modelo de aulas inclusivas de calidad y equidad es el más favorecedor para manejar la diversidad, ya que el enriquecimiento sirve para todos y en las que cada alumno pueda desarrollar su máximo potencial, cada uno aprende de una manera por lo que se debe respetar su ritmo. Sería ideal incluir un PT, orientador o docente de apoyo en cada aula para facilitar su funcionamiento.

El cerebro aprende haciendo y un niño no puede enfrentarse al aprendizaje como una experiencia negativa, es conveniente crear un ambiente motivador y bajo en amenazas, ofreciéndole retos novedosos que le atraigan.

El aula ofrece identificar emociones, respetar y empatizar con los otros favoreciendo las relaciones sociales, haciendo que el alumno se conozca mejor, basándose en sus fortalezas y debilidades, descubrir sus intereses, como se sienten y cómo podemos ayudarles, por lo que hay que conocer a cada uno de los alumnos, identificando emociones para regularlas, fomentando autonomía y responsabilidad, tanto en el contexto escolar, familiar y social, mejorando la comunicación entre ellos.

El rendimiento, el éxito, la salud, el bienestar y el comprender a los demás dependen de la inteligencia emocional, por ello habría que darle cabida en la escuela.

Las emociones positivas son muy valiosas, porque cuando un niño está alegre, se encuentra mucho más motivado.

No existe una fórmula mágica, pero hay métodos más eficaces que permiten una mayor participación, los recursos más valiosos con los que cuenta la escuela no son nada material, son los alumnos, los maestros y las familias.

Es injusto que todos los niños tengan que realizar exámenes estandarizados, porque no podemos obligar a un pez a subir a un árbol, a menos que le facilitemos los recursos para poder hacerlo. Que todos tengan que hacer lo mismo no favorece la creatividad.





Aceptar el error como aprendizaje y reto, sin frenar las inquietudes de los niños.

Realizar trabajos cooperativos en los que haya tareas individuales y grupales, interdependencia positiva, éxito personal y grupal, así como sentido de pertenencia al grupo. Se pueden realizar grupos interactivos con diferentes actividades, leer, investigar, debatir, música, teatro, tertulias literarias, juegos y cada 10 minutos cambiar de grupo, para que todos los alumnos conozcan todas las actividades, descubriendo así sus intereses. En alumnos de educación infantil se puede desarrollar la exploración mediante la psicomotricidad y potenciar la comunicación.

Introducir las TIC’s al servicio del aprendizaje de los alumnos para educar en el uso de la tecnología, realizando actividades de búsqueda, programación y robótica.



Enriquecer no es dar más de lo mismo, sino permitir profundizar en temas para entusiasmar al alumno, presentación de forma creativa, estimular la participación, así como la comunicación oral y escrita, fomentar las relaciones causales y el análisis de la información mediante el pensamiento crítico y afectivo.

Por último, quiero terminar con la frase de una alumna de altas capacidades de la Asociación Acast, cuyo testimonio me emocionó: "Un profesor hace personas, no hace tornillos, no puedes hacerlos todos iguales".



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