domingo, 2 de abril de 2017

BENEDETTI, CORTÁZAR Y OTRAS HIERBAS

Hoy, me ha venido a la mente un excelente trabajo que vi hace tiempo y me encantó. Se trata de un proyecto en el se enlazaban poesía y música, dos de las cosas que más me gustan.

Hay días en los que el cielo está tan gris que las nubes no nos dejan ver el sol, pero sacaremos los paraguas de colores, nos pondremos las botas para saltar en los charcos y sonreiremos, ninguna tormenta es eterna, hasta el diluvio universal tuvo su fin y volvió a brillar el sol. 

¿Qué decir de Mario Benedetti?, un escritor, poeta y dramaturgo uruguayo, al que el exilio le obligó a vivir alejado de su patria y de su esposa, vivió tiempos de guerra y escribió poemas de amor y desamor, de exilio y desexilio. Se dio a conocer con los “Poemas de la Oficina” donde decía:


Quién me iba a decir que el destino era esto.

Ver la lluvia a través de letras invertidas,

su paredón con manchas que parecen prohombres,

el techo de los ómnibus brillantes como peces

y esa melancolía que impregna las bocinas.

Aquí no hay cielo,

aquí no hay horizonte.

Hay una mesa grande para todos los brazos

y una silla que gira cuando quiero escaparme.

Otro día se acaba y el destino era esto.

Es raro que uno tenga tiempo de verse triste;

Siempre suena una orden, un teléfono, un timbre

Y, claro, está prohibido llorar sobre los libros

porque no queda bien que la tinta se corra.


Joan Manuel Serrat hizo un disco con los poemas de Benedetti, “El Sur también existe”.







Julio Cortázar, hijo de argentinos, nacido en Bruselas, en su juventud fue maestro rural. Cortázar tenía un sentido del tiempo y del espacio diferente al resto de personas, sus escritos de niño tenían tal calidad que dudaron de que él fuera el autor. Decía Cortázar en “Los Premios”:

Los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo… Cosas parecidas ya le sucedían a Cervantes y les suceden a todos los que escriben sin demasiado plan, dejando la puerta bien abierta para que entre el aire de la calle y hasta la pura luz de los espacios cósmicos…







Acabaré con un párrafo de la Rueda de la Vida de Elizabeth Kübler-Ross, una psiquiatra y escritora que me encanta, pionera en cuidados paliativos, que habla de la muerte como algo tan natural como la vida... Me costó mucho aprender y aceptar esto...


Cuando hemos aprobado los exámenes de lo que vinimos a  aprender a la Tierra, se nos permite graduarnos. Se nos permite desprendernos del cuerpo, que aprisiona nuestra alma como el capullo envuelve a la futura mariposa, y cuando llega el momento oportuno podemos abandonarlo. Entonces estaremos libres de dolores, de temores y de preocupaciones, tan libres como una hermosa mariposa que vuelve a su casa…Todo es soportable cuando hay amor… Lo único que vive eternamente es el amor.


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