martes, 11 de abril de 2017

EL DICCIONARIO

Era una soleada tarde de primavera, de las que invitan a salir a pasear, a disfrutar del olor de las flores del campo, y eso es lo que se disponía a hacer Cristina, cuando tuvo que salir corriendo al hospital. María había decidido venir al mundo esa preciosa tarde de abril. Venía con prisas y fue una sorpresa para todos, porque María venía con una dosis extra, una dosis extra de cariño, una dosis extra de sonrisas, una dosis extra de abrazos, en definitiva, con una dosis extra del cromosoma 21.





María era una niña muy alegre y feliz, bastante impaciente, será que como nació rápido, no le gustaba nada esperar. María creció demasiado deprisa, los niños siempre crecen más rápido de lo que nos gustaría.

María ya tenía 9 años y le gustaban mucho los cuentos, cuando se aburría le encantaba mirar esos libros gordos, se llamaba Diccionario, con ellos, María aprendía muchas palabras nuevas, ya iba por la “D”, cuando se encontró con una palabra que no le gustó nada,

Discapacidad: Cualidad del discapacitado.

A continuación, encontró otra que aún le gustó menos,

Discapacitado, da: Dicho de una persona: Que tiene impedida o entorpecida alguna de las actividades cotidianas consideradas normales, por alteración de sus funciones intelectuales o físicas.

María empezó a pensar, quería que cambiaran esas palabras del diccionario.

María fue a preguntarle a su padre, pero lo pilló liado haciendo la cena, Manolo aunque la oía, no la escuchaba y le dijo: Venga, déjate de preguntas y vete a la ducha que se hace tarde.

Durante la cena, María también intentó preguntar, pero sus padres tenían temas más urgentes de los que hablar.

Después de cenar, María, le preguntó a su madre, pero esta le dijo, venga a la cama que ya es muy tarde.

A María esa noche le costó conciliar el sueño, no conseguía sacarse esas palabras de la cabeza.

Al día siguiente, María bajó a por el pan y le preguntó a la panadera cómo podría cambiar unas palabras del diccionario. Ángeles, la panadera le respondió: Si quieres te explico cómo se hace el pan, pero yo no sé nada de diccionarios.

Después, María bajo a pasear a Duncan, su perrito, un peludito pequeño y negro que parecía un osito de peluche. Paseando a Duncan se cruzó con Carmen, su vecina y María, que no dejaba pasar una oportunidad, también le preguntó que cómo podría cambiar unas palabras del diccionario. Carmen, le respondió: Si quieres te enseño cómo se  hace el bizcocho de yogur que tanto te gusta, pero yo no sé nada de diccionarios, no tuve oportunidad de ir a la escuela.

María se fue a la escuela, cada vez más impaciente, seguía con su duda, en el camino se encontró con Andrea, su mejor amiga, que tenía unos libros chulísimos, llenos de puntitos que María también estaba aprendiendo a leer.

María le contó a Andrea, las palabras que había encontrado en el diccionario y lo estupendo que sería poder cambiarlas por otras más bonitas.

Andrea asentía con la cabeza, dándole la razón.

A punto de llegar al colegio se encontraron con Miguel, un amigo que tenía una supersilla de carreras que corría un montón y le contaron lo que pasaba.

Nada más entrar al colegio, vieron a Ricardo, el conserje, y fueron los tres a preguntarle cómo podrían cambiar unas palabras del diccionario. Ricardo les dijo, venga a clase, eso se lo preguntáis al maestro, que yo no tengo tiempo para diccionarios.

María ya se estaba cansando, nadie sabía darle una respuesta, pero no perdía la esperanza.

Cuando llegó Antonio, el maestro, los niños ilusionados, le preguntaron si se pueden cambiar unas palabras del diccionario. Antonio, sonrió y quiso saber más. A ver, ¿qué palabras son esas?

María contestó: Discapacidad y discapacitado, las encontré ayer en el diccionario y no me gustan nada.

¿Y qué palabras queréis poner en su lugar?

María, enseguida, respondió:

Difcapacidad: Diferentes cualidades de los difcapacitados.

Difcapacitado, da: Dicho de las personas que tienen diferentes capacidades físicas o intelectuales.

Antonio enseguida les animó a ponerse manos a la obra y redactaron un e-mail para la Real Academia de la Lengua Española.



María no podía estar más contenta, cuando en la siguiente edición de los libros gordos, aparecían las palabras que ella había propuesto.


Y así es como desde entonces todos somos DIFCAPACITADOS, porque todos tenemos diferentes capacidades.

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