sábado, 6 de mayo de 2017

VIDAS APACIBLES

Estimada Reina Doña Letizia:

En principio, espero sepa disculparme si no la trato con todos los honores que se merece, comprenderá que nosotros, la clase obrera, a los que nos han hecho creer que somos clase media, nada más lejos de la realidad, los que hemos sido educados en la Escuela Pública, desconocemos los Protocolos de las Casas Reales, nosotros entendemos más de República, de rojos de toda la vida. Ese color que algún día formó parte de su vida y del que hoy solo conserva sus vestidos.






Nosotros, los que ya no creemos en cuentos de príncipes y princesas, porque nosotros somos más de superhéroes y guerreras. Nosotros, los que no viajamos en preciosas carrozas, sino en metro, en tren, en bus o en coches sin ITV porque todavía nos queda mucho mes a final de sueldo. Nosotros, nos sorprendíamos esta semana cuando la veíamos a Vd. En las noticias solicitando a la prensa un lenguaje más apacible, ¿y sabe? A nosotros, nos entró la risa.





Debe ser sencillo conservar un lenguaje apacible cuando se tiene una vida suficientemente apacible, cuando sus hijas pueden ir a colegios caros y su frigorífico debe estar lleno, de lo contrario tampoco importa mucho, siempre pueden salir a comer o cenar a alguno de esos restaurantes caros galardonados con varias estrellas.

Me permitirá decirle que en mi humilde opinión, muchas veces, los medios se quedan cortos utilizando verbos como “desatar, estallar, rebelar, arrasar o arrancar”.




Se quedan cortos cuando se refieren a asuntos tan graves como el desahucio de ancianos o de familias con hijos pequeños, a los que dejan en la calle sin ningún miramiento.

Todavía conservamos un lenguaje demasiado apacible cuando defendemos una educación pública de calidad, mientras se cierran aulas, aumentan los alumnos por clase y disminuyen los recursos, mientras niños con Necesidades Educativas Especiales se quedan sin atender.

También tenemos un lenguaje apacible mientras nuestros familiares mueren en las puertas de urgencias sin ser atendidos, o se les ocurre morirse incluso antes de recibir la ayuda de dependencia, mira que morirse. Aun así, seguimos manteniendo nuestro apacible lenguaje.

Le diré más, me parece excesivamente apacible el lenguaje cuando no nos llega para pagar el recibo de la luz o el agua, cuando no tenemos suficientes mantas para que nuestros hijos entren en calor o lo que es peor, si vamos a poder comprar un litro de leche para darles de desayunar.

Y seguimos conservando un lenguaje apacible cuando han coartado nuestra libertad de expresión.

Estimada Reina Doña Letizia, estoy segura que Vd. Como mujer, como madre y como periodista entenderá que le escriba esta carta con lenguaje apacible para solicitarle que reflexione sobre sus apacibles palabras.


Y como va siendo habitual en este blog, me despido con música, en este caso con uno de mis cantantes favoritos, Bunbury y “DESPIERTA”, no sin antes desearle un apacible fin de semana.




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